La UE busca estrechar lazos con otros socios comerciales ante el repliegue de Estados Unidos

El “Día de la Liberación” que jubilosamente proclamó el miércoles Donald Trump en la Rosaleda de la Casa Blanca cogió a los presidentes de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del Consejo, António Costa, en Samarcanda, lugar mítico de la Ruta de la Seda. No es casual que ambos estuvieran en la histórica ciudad uzbeka. Los máximos cargos institucionales de la UE habían ido allí para verse con los líderes de las antiguas repúblicas soviéticas de Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajistán, con el objetivo de estrechar la cooperación con Asia central. Este viaje llega apenas un mes después de que casi todo el Colegio de Comisarios fuera a la India con un fin parecido. En Nueva Delhi hubo una declaración de intenciones clara: antes de fin de año ambas partes quieren tener un acuerdo comercial.
En Bruselas empieza a agrandarse el consenso de quienes defienden expandir las alianzas comerciales. El caso más claro es Mercosur. Sus detractores están más callados. Y sus partidarios crecen abiertamente, incluso entre aquellos que tienen que ser más prudentes por el cargo que ocupan: “Es el momento de avanzar en los acuerdos con Mercosur, México y avanzar decididamente en las negociaciones con la India y otros socios clave”, subrayó el presidente del Consejo Europeo en un mensaje en la red social X. Este tipo de declaraciones son fáciles de escuchar en boca de expertos o políticos estos días. Trump ha sacudido el tablero comercial, provocando una disrupción sin precedentes con una escalada proteccionista y aislacionista.
Ni Von der Leyen ni Costa esconden sus intenciones al tratar de estrechar lazos con otros Estados: “Europa ya tiene acuerdos con 76 países. Y ahora estamos ampliando esta red. Acabamos de cerrar acuerdos comerciales con Mercosur, México y Suiza. Hemos puesto en marcha la primera asociación con Sudáfrica. Nuestro objetivo es concluir un acuerdo comercial con la India a finales de año. Mantenemos intensas negociaciones con Indonesia y Tailandia. Europa siempre ha sido un continente comercial. Nuestro mensaje es claro: Europa es fiable, predecible y está abierta a un comercio justo”, proclamaba esta misma semana la conservadora alemana. En ese mensaje explícito, hay otro implícito: “Europa no es Estados Unidos”. Se trata de buscar mercados alternativos —también de avanzar en la seguridad geoestratégica— que amortigüen el golpe que ha supuesto la subida masiva y unilateral de aranceles que ha emprendido Trump desde que regresó al poder hace menos de tres meses.

Y mientras esto sucede en Europa, al otro lado del Atlántico se ha impuesto una forma de ver el mundo que altera profundamente el orden mundial que Estados Unidos tanto contribuyó a crear, que tanto le ha beneficiado y que bajo Trump se apresta a destruir: tras arremeter contra sus socios militares en la OTAN, ahora Washington ataca el comercio global que defendió a capa y espada el gran héroe del Partido Republicano, Ronald Reagan. Estados Unidos cierra fronteras, vínculos económicos y alianzas geoestratégicas en una política de creciente aislacionismo, mientras proclama, como el célebre titular de la prensa inglesa “Fuerte tormenta en el canal de la Mancha: el continente, aislado”, que el resto del mundo se está quedando fuera. “El sistema de comercio global que contribuimos a crear ha dejado de funcionarnos”, considera John Lipsky, antiguo asesor del Fondo Monetario Internacional y ahora en el think tank Atlantic Council.
Precisamente China es uno de los países más castigados por Trump. Sus aranceles no siguen una lógica aparente: calculados con una fórmula sui generis que divide los déficit comerciales bilaterales por la importaciones, castigan más —con la enorme excepción de China, el gran rival económico y geopolítico de Estados Unidos— a los países amigos que a los adversarios: Irán queda menos golpeado que Japón, con un 24%. Rusia no se ve afectada, con el argumento inexacto de la Administración republicana de que no comercian “con ellos”. Corea del Norte tampoco aparece en las listas. Pero incluso el aliado inquebrantable Israel, que había eliminado sus aranceles a Estados Unidos para evitar medidas recíprocas, recibe un 17%.
Esperar y ver
De momento, la reacción directa de la mayoría de socios de Washington parece que es esperar y ver. El Reino Unido y Japón, como la UE, han hablado en primer lugar de llegar a un acuerdo con Washington. El razonamiento es que tomar represalias contra los productos estadounidenses solo empeoraría la situación. Incluso el país más afectado, China, ha lanzado un llamamiento al diálogo. “No hay ganadores en guerras comerciales y arancelarias, y el proteccionismo no es una salida… Todo el mundo tiene claro que cada vez más países se oponen a las medidas unilaterales de matonismo estadounidense, como la imposición de gravámenes”, declaró el portavoz del Ministerio de Exteriores en Pekín, Guo Jiakun. Aunque lo cierto es que la mayoría de expertos creen que si hay una retorsión equivalente por parte de todos los golpeados, sería precisamente Estados Unidos el actor más dañado por el frenazo a su actividad económica y por la inflación.
Tal vez por eso, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, lo había declarado a la cadena de televisión conservadora Fox News: “Mi consejo a cada país ahora mismo es que no tome represalias. Siéntense y cálmense. Veamos cómo van las cosas. Porque si toman represalias, habrá una escalada. Si no toman represalias, la cosa se para aquí”. Si se llegara a este punto, Washington se aislaría aún más de sus rivales tradicionales (China) y alejaría de sus socios más antiguos. Y agravaría el golpe a la economía de todo el planeta. La OMC calcula que el comercio mundial se contraerá un 1%.
Para eludir parte de esa contracción es por lo que la UE, al menos a corto plazo, apuesta por intensificar relaciones comerciales con quien ya las tiene (México, Chile) o abrir nuevas (Mercosur, la India) como una forma de alivio. En el futuro inmediato, no es posible sustituir una relación comercial que en 2023 alcanzó 1,6 billones de euros en intercambios de bienes y servicios. “El 40% de la inversión extranjera directa de la UE se realiza en EE UU. Y la misma cifra a la inversa. El 40% de la inversión extranjera directa de EE UU está en la UE. Así que si nos fijamos en el comercio o en la inversión, estamos muy, muy entrelazados. Estamos muy interconectados”, expone André Sapir, profesor de Economía en la Universidad Libre de Bruselas. “Somos muy interdependientes y no es ni deseable ni fácil disminuir la relación económica, que viene de muy lejos. Hay empresas estadounidenses en Europa, hay empresas europeas en Estados Unidos, comercian unas con otras, hay cadenas de valor mundiales”, abunda quien también es investigador de Bruegel, el mayor instituto de análisis de Bruselas.
Full support for the @EU_Commission in trade negotiations with the US.
Trade is a powerful engine of global prosperity. The EU will remain a staunch advocate for free and fair trade.
We will engage with all our partners and continue to strengthen and expand our trade network.…
— António Costa (@eucopresident) April 3, 2025
Von der Leyen ya avisó a finales de enero en Davos de por dónde van los nuevos vientos: “Queremos más cooperación con todos los que estén abiertos a ello. Nuestros valores no cambian. Pero para defender estos valores en un mundo cambiante, debemos cambiar nuestra forma de actuar. Debemos buscar nuevas oportunidades dondequiera que surjan. Este es el momento de comprometerse más allá de los bloques y los tabúes. Y Europa está lista para el cambio”. Y eso, en cierto modo, es lo que se ha podido ver en Samarcanda este jueves. También puede apreciarse en cómo la presidenta de la Comisión ha matizado su tradicional tono duro con China; en que el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, viajó la semana pasada de Washington a Pekín para verse con sus homólogos de ambas potencias; o en que el presidente español, Pedro Sánchez, va a volver al gigante asiático este mismo mes, donde estuvo hace menos de un año.
“La incertidumbre sobre aranceles futuros implicará que los mercados internos importarán más de lo que hacían hasta ahora, cuando las empresas decidan dónde invertir”, apunta en un análisis la consultora Capital Economics. En Asia, la fábrica del mundo y muy castigada por las medidas estadounidenses, “la India, Indonesia o Filipinas parecen más atractivas, en un sentido relativo; aranceles más bajos que otros y, en el caso específico de la India, un mercado interno de gran tamaño”.
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