México, ante el fantasma de una recesión pronunciada si Trump impone duros aranceles

México, ante el fantasma de una recesión pronunciada si Trump impone duros aranceles

La política proteccionista de Estados Unidos tiene contra las cuerdas a la economía mexicana. En vísperas de que el presidente Donald Trump anuncie una andanada de aranceles contra el mundo, a los que llama “recíprocos”, México ajustó a la baja su expectativa de crecimiento del PIB para 2025. Antes de la llegada del republicano a la Casa Blanca, Hacienda estimaba un alza de 2,3% para este año. Ahora, los nubarrones en el horizonte sobre las exportaciones, la atracción de inversión extranjera y la pérdida de fuelle en la actividad industrial y el consumo han forzado al Gobierno de Sheinbaum a reducir sus pronósticos. El alza del desempeño económico de este año se redujo a un rango de 1,5% a 2,3% y para 2026 se calcula un aumento del PIB de 1,5% a 2,5%, según los Precriterios de Política Económica, publicados este martes. Más allá de las previsiones oficiales y todavía sin conocer los detalles de la nueva oleada arancelaria que anunciará Trump el miércoles, tanto el mercado como varias fuentes oficiales, consultadas en privado, dan casi por sentado el escenario de una recesión.

Aunque el documento de Hacienda presenta cifras de crecimiento económico, en la exposición de argumentos, la dependencia reconoce que el alza en ingresos prevista en 7.200 millones de pesos en 2025 podría modificarse dada “la creciente incertidumbre sobre la política comercial de EE UU, nuestro principal socio comercial”. El primer esbozo oficial sobre las finanzas públicas de este año y el próximo, reconoce que los cambios en Washington respecto a su relación con otros socios comerciales han provocado una mayor cautela en la inversión y el consumo privado.

México aguarda el llamado Día de la Liberación de EE UU con suma tensión. El consenso de los analistas apunta a que, de cumplirse todas las amenazas arancelarias de Trump, se golpearán a las industrias automotrices, del acero, manufacturas y componentes electrónicos. La suma de estas tarifas pone en riesgo envíos anuales valuados en más de 505.000 millones de dólares y, en consecuencia, coloca al país en la antesala de una recesión económica. Una recesión que, a todas luces, será pronunciada, tal y como insisten, en privado, fuentes oficiales. Estados Unidos adquiere un 83% de todas las exportaciones mexicanas y el peso de estos envíos en la economía nacional ha ido en ascenso; si en la década los noventa, antes de la entrada en vigor del TLCAN —la versión previa del TMEC—, las exportaciones suponían un 13% del PIB, al cierre de 2024, estos envíos al extranjero representaron un 38%.

De acuerdo con un análisis de Banco Base, solo un 49% de las exportaciones mexicanas están bajo el amparo del TMEC y el resto están a expensas del arancel de un 25%. La directora de Análisis de Banco Base, Gabriela Siller, explica que las empresas de México y Canadá tienen la opción de exportar a Estados Unidos utilizando los criterios del TMEC o usando el principio de nación más favorecida de la Organización Mundial de Comercio (OMC). La experta refiere que los exportadores tienen que cumplir con una serie de reglas determinadas para obtener las prerrogativas del acuerdo comercial, por lo que muchas firmas optaban, hasta antes de estos amagos, en adherirse al principio de nación más favorecida por ser un régimen más sencillo. “Para sorpresa de muchos, la mayor parte de los productos que Estados Unidos compró de México en 2024 se importaron bajo los principios de nación más favorecida y no bajo los criterios del TMEC”, precisa.

Víctor Gómez, economista en jefe de Casa de Bolsa Finamex, refiere que, de ratificarse el arancel de este miércoles 2 de abril para las mercancías mexicanas fuera del TMEC, muchas empresas tendrían que cambiar su esquema de exportación si es que desean librar el nuevo impuesto. “Muchas empresas que hoy comercian a través de los aranceles de nación más favorecida tendrán incentivos a moverse a las reglas del TMEC, donde aparece el segundo aspecto, que es el cumplimiento de los estándares de reglas de origen que tiene el acuerdo y que algunas empresas no han podido cumplir”, advierte. Así, el tamaño real del golpe sobre la economía mexicana dependerá, en parte, de la capacidad de respuesta que tengan las compañías exportadoras para cambiarse de régimen de exportación.

Camionetas estacionadas en la planta de ensamblaje de Ford Hermosillo, en el Estado de Sonora, México, el 26 de marzo de 2025.

Déficit comercial

El viraje proteccionista que Trump mantiene en vilo a su vecino país del sur y principal socio comercial. El asunto no es menor dada la dependencia comercial del país latinoamericano con los flujos provenientes de los envíos a EE UU. Un 83% de las exportaciones mexicanas tienen como destino Estados Unidos. Desde hace años, México superó a China como principal importador de EE UU y al cierre de 2024 logró exportaciones a ese país por más de 505.000 millones de dólares, mientras que las importaciones estadounidenses a suelo mexicano apenas ascendieron a 334.000 millones de dólares. El saldo del déficit comercial en contra de Washington de 171.000 millones de dólares ha sido una de las razones esgrimidas por el mandatario estadounidense para subir las tarifas a México, aunque no la única. Desde el inicio de su mandato, el republicano advirtió que los aranceles eran una medida de represalia ante los pocos esfuerzos del Gobierno de Claudia Sheinbaum para contener el tráfico de drogas y la inmigración ilegal a su país.

La vuelta de tuerca, alineada con la visión proteccionista de Trump, comenzó con el amago de un arancel generalizado del 25% a todas las importaciones mexicanas, en febrero pasado. Tras una serie de llamadas entre el republicano y Sheinbaum, decomisos de drogas mediáticos y un inédito envío de 29 capos mexicanos ante la justicia estadounidense, el republicano aceptó a principios de marzo que este arancel solo fuese aplicado a las exportaciones mexicanas que no cumplieran los estándares del TMEC. La concesión está vigente hasta este miércoles, cuando el inquilino de la Casa Blanca dará a conocer su política global de aranceles “recíprocos”, como él los llama. En ese entonces, el anuncio de Trump supuso para el Gobierno de México un balón de oxígeno y, en consecuencia, Sheinbaum informó que las medidas que tomaría en respuesta se darían a conocer hasta después de esa fecha.

Pese a los esfuerzos de diálogo y la estrategia basada en la no confrontación y la “cabeza fría” que ha asumido la presidenta de México, Estados Unidos no ha cesado de arrinconar a su socio con la imposición y el amago de tarifas. Semanas después del acuerdo entre Sheinbaum y Trump sobre el arancel generalizado, el 12 de marzo, EE UU comenzó a cobrar una tarifa del 25% a todas sus importaciones de acero y aluminio, incluidas las provenientes de México. Así, las siderúrgicas afincadas en territorio mexicano han tenido que pagar desde esa fecha un impuesto extra para acceder al mercado estadounidense. Las empresas afectadas han solicitado al Gobierno de México la imposición de aranceles en respuesta contra el acero estadounidense, sin embargo, la Administración ha optado por no contestar con la misma moneda y, por el contrario, ha vuelto a priorizar la negociación y la integración de proveeduría entre México, Estados Unidos y Canadá.

Un trabajador fabrica piezas metálicas para aparatos electrónicos en una instalación en Santiago de Querétaro, en febrero de 2022.

Las industrias clave

La industria siderúrgica de México ha sido la primera en recibir de lleno el golpe de los aranceles, pero al parecer no será la única. El último amago arancelario de Trump ha puesto en la mira a los autos importados, uno de los sectores de mayor valor exportador para México. La Casa Blanca afirmó que, a partir del 3 de abril, impondrá un arancel del 25% sobre todos los autos no fabricados en su territorio, no obstante, para sus socios del TMEC, México y Canadá, se concedió un descuento sobre el impuesto, acorde al contenido estadounidense que tenga el automóvil y que los importadores logren certificar.

Para México, las exportaciones del sector automotriz suponen ingresos por más de 182.000 millones de dólares anuales, una tercera parte del total de los envíos de México a EE UU. A diferencia de otras industrias, apunta Siller, estas exportaciones cuentan con un alto cumplimiento con el TMEC, por encima del 80%. Además, en este caso en específico, los expertos advierten que de gravar las importaciones automotrices mexicanas se estaría imponiendo un castigo a las propias armadoras estadounidenses afincadas en México, como Ford, Stellantis o General Motors.

Sheinbaum ha esgrimido en sus conferencias de prensa matutinas que México no cobra aranceles a las importaciones estadounidenses, por ende, bajo su política de “aranceles recíprocos”, EE UU tampoco debería de gravar las exportaciones mexicanas que llegan a su país, o en el último de los casos, debería tener con México un acuerdo distinto a otras naciones. Lejos de la confrontación y del anuncio de medidas arancelarias contra Estados Unidos, la presidenta de México ha enfatizado la colaboración binacional en el combate al narcotráfico y la inmigración ilegal; los lazos de integración económica, vía TMEC, entre los dos países así como la diáspora de empresas estadounidenses con inversiones en territorio mexicano. Este miércoles, finalmente, México sabrá si todos estos argumentos le han llevado a conseguir el tan anhelado “trato preferente” frente a Trump.